Desde hace aproximadamente dos semanas he esperado con ansiedad la llegada del día de hoy. Tengo que reconocer que me apasiona la campaña electoral francesa por la presidencia en la que participan dos de los que tienen que ser grandes pesos pesados de la política europea de los próximos años: Sarkozy y Royal.

Y me aspasiona porque ambos dicen partir del reconocimiento del estado de Francia, en sintonía con lo que en su día expuse en el post “Francia en un mundo plano”; y porque ambos candidatos me parecen -a priori- dos políticos de gran altura.

Durante las últimas semanas las continuas meteduras de pata de Ségolène y los diversos aciertos protagonizados por Sarkozy (el primero de ellos debutar con un discurso abolutamente liberal, de centro, en el que se ofrecía para representar a todos los ciudadanos franceses que le sirvió para en una sola noche quitarse su imagen de ministro-policía) me estaban llevando a pensar que la diferencias entre uno y otra son importantes. Por eso esperaba con atención el dia de hoy, porque Royal había según ella renunciado a hacer campaña hasta el día en que se realizase la presentación oficial de su programa, en un mitín-espectáculo. Ese día era hoy.

En el mitín ha presentado 100 propuestas a sus conciudadanos (y en el fondo a todos los europeos, aunque no tengamos derecho al voto en Francia, pues lo que se cueza en Francia nos afectará muy directamente durante los próximos años), de las que ya publica la prensa en Internet algunas de ellas. Son las siguientes, junto a mi opinión sobre ellas.

-Subir las pensiones mínimas un 5%. La primera es para asustarse, en la línea de las más pura tradición francesa, de confusión del Estado del Bienestar con el estado de los subsidios. La propuesta para el votante es clara: nosotros le daremos más dinero.

-Renegociar y consolidar la jornada laboral de 35 horas. Y seguimos… Consolidar la jornada de 35 horas, demostrada como una catástrofe para la economía francesa. Izquierda pura y dura, de la de siempre, y alejada de cualquier planteamiento liberal.

-Incrementar el salario mínimo. Aplíquese lo dicho para la primera propuesta. ¿No deberían tomarse medidas para mejorar la competitividad y productividad de las empresas francesas antes de aumentar sus costes?. No creo que sea tan difícil comprender el círculo del progreso económico, más aún, cuando tienen ejemplos cercanos de los que aprender.

-Establecer campamentos de entrenamiento al estilo de los militares para lidiar con jóvenes delincuentes. Esta, para mi al menos, es ofensiva. Si en España la propusiera un político jamás le votaría.

-Crear jurados populares que evalúen el trabajo de los parlamentarios. Y otra más, eso jurados populares, que evalúen y que juzguen. ¿Y de qué sirve?. Si hay parlamentarios vagos no sería más lógico cambiar el sistema electoral (como también lo sería en España) para que cada representante lo sea de una circunscripción. En democracia la evaluación de los parlamentarios se debe realizar en las urnas, y si no es así (como no lo es ni en Francia ni en España ya que ni conocemos a nuestros parlamentarios) es que hay un fallo de base. Ni una sola propuesta innovadora y verdaderamente rompedora.

-Dar a los padres una mayor voz para decidir a qué escuela van sus hijos. ¿Una mayor voz?. Volvemos a lo mismo: detectan un problema y al buscar soluciones se quedan a medias, nada de reformas, y todo seguirá igual. Señores políticos, enterénse, un mundo en el que los padres no puedan llevar a sus hijos al colegio que deseen (y tengan que pelearse por tener una “mayor voz”) es un mundo que interviene directamente sobre la libertad de las personas, y el estado se crea para garantizar esta libertad, no para coartarla. Reformas, reformas y más reformas, y si les da miedo, pues nada, vuélvanse a casa.

-Trabajar más para regular las tarifas bancarias. Eso, a regular a la iniciativa privada. Fin del debate.

Esta señora, muy inteligente, guapa y atractiva, es la izquierda pura y dura. Carece de iniciativas y es alérgica a las reformas. Intenta comprar el voto de ciudadano a través de más dinero y de promesas de una participación popular coartada por un sistema enfermo.

Simple y llanamente, una iniciativa menos. Camino expedito para Sarkozy. Esperemos por el bien de nuestra querida Europa que éste sea realmente un reformador y no otro político mediocre acobardado por el cambio.

Una pena.

Leave a Reply